miércoles, 11 de diciembre de 2013

UNA REFUTACIÓN AL ROMANISMO DE QUE PEDRO ESTUVO EN ROMA

Apóstol Dr. Gabriel Sánchez Velázquez, predicando la Palabra
en la COmunidad Cristiana Filadelfia en Misterios 576
de la ciudad de México.
Luis Antequera subió hoy 12 diciembre un blog al bloger  Religión en Libertad con el título:       ¿Qué pruebas tenemos de la presencia de San Pedro en Roma?

Al leer el trabajo en referencia, me es imposible dormir antes de refutar dichas afirmaciones que presentaré de manera íntegra; en virtud de que no podemos los cristianos evangélicos, quedar callados ante tantas falacias del Romanismo.
Así que, principiemos. Dice el escrito:

            “Que el apóstol Pedro visitó la que entonces era la capital del mundo, vale decir la capital del Imperio Romano, Roma, y que en ella entregó la vida a causa de su fe en Jesucristo es una tradición tan importante que es la que convierte a la ciudad italiana en la capital de la cristiandad y en la sede del papado, por lo que la pregunta se presenta obvia: ¿qué sabemos sobre la presencia de San Pedro en Roma?”
                Para empezar, se afirma que se trata de U N A     T R A D I C I Ó N,  no de un hecho histórico. Y si de esa tradición hacen depender que Roma sea capital de la Religión Católico Romana, que NO DE LA CRISTIANDAD.  ¿Sede del papado  porque se imaginan que Pedro pudo haber estado en Roma? Que teología tan frágil por no afirmar falsa
                Pero veamos los “conocimientos” tan contundentes de este teólogo católico para llegar a la “categórica” afirmación de que Pedro estuvo en Roma:
            “Lo primero que se ha de decir es que de dicha presencia queda en los textos canónicos un rastro si se quiere indiciario. En su Primera Carta que forma parte del Nuevo Testamento el propio Pedro se despide con estas palabras:

            “Os saluda la que está en Babilonia, elegida como vosotros, así como mi hijo Marcos” (1Pe. 5, 13)

            Donde la tradición realiza una doble identificación: por un lado, la que uniría a la Roma capital imperial con la Babilonia a la que metafóricamente se refiere Pedro. Y por otro, al Marcos del que habla Pedro, -que por cierto no sería otro, según la misma tradición, que el evangelista-, con el Marcos del que habla Pablo -“Te saludan Epafras, mi compañero de cautiverio en Cristo Jesús, Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores” (Flm. 1, 23-24)- cuya presencia en Roma consta.”
                ¿Rastro indiciario? Esto es, una doctrina tan vertebral para el Romanismo como lo es el papado, no tiene base bíblica. O sea, ninguna indicación dentro de los términos del Nuevo Testamento, dentro de los textos canónicos.  Sólo hay un indicio de que Pedro pudiera haber estado en Roma. En otros trabajos he demostrado con datos históricos fehacientes que es imposible pensar que Pedro haya ido a Roma. Pero aquí de lo que se trata es de refutar el teto de este blog.
Esta estatua que luce en la plaza de Pedro en Roma, fue
originalmente el ídolo Apolos, dios pagano. Y con la apostasía
del catolicismo romano, los curas tomaron la estatua y la
rebautizaron como "SAN PEDRO"

                Si lo que dice I Pedro 5.12 “Os saluda la que está en Babilonia…” se va a querer entender como R O M A, entonces leamos el libro de Apocalipsis con esa certeza de que cada vez que dice este libro Babilonia, se refiere a Roma. He aquí las referencias a Babilonia (ahora que los curas entiendan Roma):
Apocalipsis 14:8: Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído BABILONIA, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.

Apocalipsis 16:19: Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran BABILONIA vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira.

Apocalipsis 17:5: y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.

Apocalipsis 18:2: Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran BABILONIA, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.

Apocalipsis 18:10: parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de BABILONIA, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!

 Apocalipsis 18:21: Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada BABILONIA, la gran ciudad, y nunca más será hallada.
Si yo fuera cura romano, preferiría creer que Pedro nunca estuvo en Roma, a creer que Roma es la Babilonia del Apocalipsis.
                Respecto de cuál Marcos habla Pedro. Nada puede ser definitivo, únicamente de nuevo la tradición, que aquí se ve más bien como la traición a la verdad histórica; en virtud de que del Marcos el Evangelista, tuvo una relación desde siempre con el Apóstol Pablo. He aquí las pruebas bíblicas, “canónicas” para usar los términos del cura en comento:
Colosenses 4:10: Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda, y MARCOS el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle;

 2 Timoteo 4:11: Sólo Lucas está conmigo. Toma a MARCOS y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio.

 Filemón 1:24: MARCOS, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores.
¿Cómo pueden suponer los curas que Marcos el evangelista sobrino del Apóstol Bernabé y con quien prefirió hacer sus viajes, una vez terminada la primera jornada misionera de Bernabé con Pablo, sería “hijo “ de Pedro? ¿Por qué Pablo tendría que pedir que le llevaran a Marcos si de antemano Marcos era hijo de Pedro? Col. 4.10 afirma que Marcos está con Pablo.

            Fuera del cuerpo canónico, el testimonio más importante que acostumbra a presentarse es la “Carta de Clemente a los Corintios”, del año 95, para que nos hagamos una idea de su importancia, más antigua, por lo tanto, que las últimas obras del cuerpo canónico de escritos cristianos, las obras de San Juan. Este Clemente de Roma es el obispo que reinó en Roma entre los años 88 y 97, el papa para que nos entendamos, aunque en dicha época el papado no se entendía como ahora. Pues bien, en ella Clemente nos cuenta lo siguiente:

            “Por causa de celos y envidia fueron perseguidos y acosados hasta la muerte las mayores y más íntegras columnas de la Iglesia. Miremos a los buenos apóstoles. Estaba Pedro, que, por causa de unos celos injustos, tuvo que sufrir, no uno o dos, sino muchos trabajos y fatigas, y habiendo dado su testimonio, se fue a su lugar de gloria designado. Por razón de celos y contiendas Pablo, con su ejemplo, señaló el premio de la resistencia paciente. Después de haber estado siete veces en grillos, de haber sido desterrado, apedreado, predicado en el Oriente y el Occidente, ganó el noble renombre que fue el premio de su fe, habiendo enseñado justicia a todo el mundo y alcanzado los extremos más distantes del Occidente; y cuando hubo dado su testimonio delante de los gobernantes, partió del mundo y fue al lugar santo, habiendo dado un ejemplo notorio de resistencia paciente.

            A estos hombres de vidas santas se unió una vasta multitud de los elegidos, que en muchas indignidades y torturas, víctimas de la envidia, dieron un valeroso ejemplo entre nosotros. (EpClm. 5-6).

            En el que el párrafo más importante no es otro que el último, el que reza “dieron un valeroso ejemplo entre nosotros”, de donde la exégesis infiere sin excesiva dificultad que dicho testimonio ocurrió en Roma, ciudad desde la que escribe el autor del documento, Clemente.”
                Clemente quien escribe la carta a los Corintios en el año 95, primero NO REINÓ EN ROMA, TAMPOCO FUE PAPA. Este término no tiene uso sino hasta el siglo V, y el obispo de Roma reclama ese título para su uso exclusivo hacia el año 700 y que fue una de las causas del gran cisma entre oriente y occidente.
                Segundo, tú, caro lector puedes leer y re leer la Epístola de Clemente 5-6, y jamás encontrarás que  Clemente insinúe siquiera que Pedro estuvo en Roma, que murió en Roma. Clemente habla del ejemplo que los apóstoles  Pedro y Pablo dieron, sin especificar lugar. Aunque a decir verdad, se ocupa más de Pablo que de Pedro.
                Decir que porque Clemente menciona a Pedro en su carta ya es prueba de que Pedro estuvo en Roma y más que murió en Roma; es una crasa falacia romanista. Roma siempre ve en donde quiere, lo que quiere ver, y afirma cualquier mentira como las apariciones guadalupanas para dominar las conciencias de las multitudes.
                Y eso de que la exégesis infiere sin excesiva dificultad que Pedro estuvo en Roma es otra mentira. No puede hacerse exégesis de una afirmación que no aparece en el cuerpo del teto que se analiza. ¡Jamás!
                Sería más saludable para la religión católico romana que a cada día se le sacan a luz tantos fraudes, tantas mentiras, tantas componendas sucias y tanta inmundicia, decir que el Pontífice máximo del Mitraísmo  lo era el emperador romano en turno, y que así fue hasta que después de Constantino en el siglo IV, le “regaló” tan preciado título al apóstata obispo romano.
               


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