viernes, 18 de julio de 2014

PEDRO NO FUE PAPA, NO FUNDÓ LA IGLESIA DE ROMA NI ESTUVO EN ROMA


Apóstol Dr. Gabriel Sánchez Velázquez, autor del libro:
La Gloria Falaz del Papado.
El libro de los Hechos nos presenta claramente dos modelos de iglesia, la de Jerusalén que era presidida por Jacobo el hermano de Jesús y la de Antioquia, presidida primariamente por el Pastor titular Bernabé, luego cumpliendo un ministerio de Profeta, y más tarde de Apóstol.
En la primera, la de Jerusalén,  los ministerios y los discípulos eran mayoritariamente judíos con apego al templo y por razones naturales observantes de las prácticas religiosas judías.
En el segundo caso; en Antioquia,  donde la mayoría de los  discípulos eran gentiles, y aún entre los ministerios había gentiles, con una visión más universal. La prueba de ello,  es que los primeros misioneros de manera formal para llevar el Evangelio a todo el mundo, salieron e Antioquia y no de Jerusalén. Dice Hechos 13.2:
 “Ministrando estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo a la obra a que los he llamado.”
Entonces ¿Qué afirma la Biblia respecto de Pedro
I. PEDRO ERA APÓSTOL PARA LA CIRCUNCISIÓN
Dice Gálatas 2.7-10:
“Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión… solamente nos pidieron que nos acordáramos de los pobres; lo cual procuré con diligencia hacer”
La Escritura es categórica. Pedro era un apóstol para los judíos. Pablo era apóstol para los gentiles. Por esta razón, Pedro ministró mayormente en Jerusalén con escasos viajes cercanos.
II. LA BASE DEL ROMANISMO ES LEGENDARIA,
NO HISTÓRICA.
En oposición a tantos mitos y mentiras que el Catolicismo Romano ha entretejido en el devenir de los siglos, hay historiadores protestantes serios, que en tiempos recientes han tratado de descartar como legendaria la residencia y muerte de Pedro en Roma. Estos intentos han resultado ser, un estudio serio y responsable para dejar ver la verdad histórica. Se ha descubierto  que la tradición respecto de la residencia de Pedro en Roma se inició primero en los círculos Ebionitas y formaba parte de la Leyenda de Simón el Mago, en la que Pablo es enfrentado por Pedro como un falso Apóstol debajo de Simón; al tiempo que esta pelea fuera trasplantada a Roma, también surgió en fecha temprana la leyenda de la actividad de Pedro en esa capital.4


Un más reciente intento de demostrar que Pedro fue martirizado en Jerusalén fue realizado por Erbes.
Él apela al apócrifo: HECHOS DE  PEDRO, en el que dos romanos, Albino y Agripa, son mencionados como perseguidores de los Apóstoles. A éstos identifica como Albino, Procurador de Judea y sucesor de Festus, y a Agripa II, Príncipe de Galilea, de donde llega a la conclusión que Pedro fue condenado a muerte y sacrificado por el Procurador de Jerusalén.
Eruditos católicos serios sustentan que la actividad y muerte de Pedro en Roma no es nada clara, puesto que no se tiene  información precisa sobre los detalles de su estancia romana. Las narraciones contenidas en la literatura apócrifa del siglo segundo, sobre la supuesta contienda entre Pedro y Simón el Mago, pertenecen al dominio de la leyenda. No podemos, en apoyo de esta teoría, apelar a las notas cronológicas de Eusebio y Jerónimo, dado que,  aun cuando estas notas se retrotraen a las crónicas del siglo tercero, no son tradiciones de antiguo sino el resultado de cálculos basados en las listas episcopales.
En la lista de obispos de Roma que data del siglo segundo, se introdujo en el siglo tercero (como sabemos por Eusebio y la “Cronografía de 354”) la nota sobre veinticinco años de pontificado de Pedro, pero no podemos rastrear su origen. Este agregado, en consecuencia, no sustenta la hipótesis de una visita de  Pedro a Roma luego de su liberación de la prisión (alrededor del año  42).
La tarea de determinar el año de la muerte de Pedro está rodeada de dificultades similares.
En el siglo cuarto y aún en las crónicas del tercero, hallamos dos notas distintas. En las “Crónicas” de Eusebio se da la muerte de Pedro y Pablo como en los años decimotercero y decimocuarto de Nerón (67-68); esta fecha, aceptada por Jerónimo, es la sostenida generalmente. El año 67 también es avalado por la afirmación aceptada al igual por Eusebio y Jerónimo, sobre que Pedro fue a Roma en el reinado del Emperador Claudio (según Jerónimo, en el 42), así como por la tradición antedicha de los veinticinco años de episcopado de Pedro.
Una versión distinta es provista por la “Cronografía de 354”: Ésta refiere el arribo de Pedro a Roma en el  año 30, y su muerte como la de Pablo al año 55. Duchesne ha mostrado que las fechas en la “Cronografía” fueron insertadas en una lista de los Papas que contiene solamente sus nombres y la duración de sus pontificados, de donde, bajo la suposición cronológica de ser el año de la muerte de Cristo el 29, se insertó el año 30 como el comienzo del pontificado de Pedro y su muerte referida al 55 sobre la base de los veinticinco años de pontificado.
Otros historiadores han aceptado el año 65 o el 66.  Harnack procuró establecer el año 64 como el de la muerte de Pedro.  Esta fecha, que ya había sido sustentada por Cave, du Pin y Wiesler, ha sido aceptada por Duchesne.13

Erbes refiere la muerte de Pedro el 22 febrero de 63 y la de  Pablo en el año 64. Por ende la fecha de la muerte de Pedro no ha sido decidida aún; el período entre julio de 64 (inicio de la persecución Neroniana) y comienzos de 68 (el 9 de julio Nerón huyó de Roma y se suicidó) debe dejarse abierto, dicen los historiadores católicos más serios,  para la fecha de su muerte. El día de su martirio también se desconoce, la fecha del santoral es legendaria. El  29 de junio es el día aceptado de su fiesta a partir del siglo cuarto, no antes. Pero de ninguna forma se  puede  probar  como el día de su muerte. Es una mentira, sostenida por una tradición, y la tradición como resultado de mucha imaginación.
III. PEDRO NO FUNDÓ LAS IGLESIAS EN ROMA
Apologistas católicos aseguran que “la voz unánime” de la tradición, asegura  desde la segunda mitad del siglo segundo, que  Pedro fue el  fundador de la Iglesia Cristiana en  Roma. Lo anterior no es sino un engaño ilusorio. Una falacia más del alto clero apóstata. Si Pedro hubiera fundado una congregación cristiana en Roma, desde siempre, esto es desde el año de la fundación, todos sabrían de ese hecho histórico. Pero el cuento surgió  después del año 150. ¿Por qué no antes?
¿QUÉ DICE LA BIBLIA?
A) Que los primeros romanos tanto judíos como gentiles prosélitos que recibieron el Mensaje del Evangelio, no lo recibieron en Roma, sino en Jerusalén, el mismo día de Pentecostés. Hechos 2.10 dice:
“En Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de África, más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos”
Adi Sánchez Vizcarra, tocando la batería en la alabanza
de la Comunidad Cristiana Filadelfia GAM
Recordemos que el Pentecostés era la segunda fiesta judía más importante del año, en la cual los judíos de la Diáspora venían a celebrarla a Jerusalén. Y estando ellos en su celebración judía, se derramó el Espíritu Santo y así, allí en Jerusalén recibieron el plan de salvación.
B) Al final de su tercer viaje misionero, el Apóstol Pablo en su estadía por tres meses en la ciudad de Corinto, escribe su carta a los Romanos hacia el año 56 o 57. De esta verdad histórica, derivamos dos  cosas: Primero, que la fe de los cristianos de Roma estaba siendo divulgada por todo el mundo. Segundo, que los cristianos de Roma tenían un Colegio Apostólico enlistado en Romanos capítulo 16, encabezados por los Apóstoles Andrónico y Junias, y en donde por supuesto, Pedro no está presente, porque nunca estuvo en Roma.

C) Lo más seguro es que en Roma no había una sola congregación cristiana en estos días, sino varias. Ya que al estar Pablo preso en Roma, escribe la carta a los Filipenses por el año 60 o 61,  y allí hace mención del Pretorio (1.13) y de los santos en Casa del César ( 4.22). Lo anterior, aunado a lo que dice Hechos 28.30-31 de que por dos años, Pablo permaneció en Roma, viviendo en una casa alquilada y que predicó el Evangelio con toda libertad; nos demuestra que, el Evangelio estaba siendo predicado en pequeños núcleos familiares. Y que los cristianos de Roma en el primer siglo nunca soñaron ni necesitaron una jerarquía religiosa y edificios suntuosos para ceremonias con ritos elaborados y huecos.

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